IV CONCURSO DEPARTAMENTAL DE CUENTO CORTO
BIBLIOTECA “RAFAEL CARRILLO LUQUEZ”
TITULO: EL DÍA DE LOS PÁJAROS
SEUDÒNIMO: EL ÚLTIMO KANKUAMO
BIBLIOTECA “RAFAEL CARRILLO LUQUEZ”
TITULO: EL DÍA DE LOS PÁJAROS
SEUDÒNIMO: EL ÚLTIMO KANKUAMO
Aquel ave descomunal, tan grande como los buitres cenizos que viven en los farallones del cerro Juaneta y con un enorme y embuchado pico, apareció haciendo giros concéntricos en el cielo arrebolado, con un aleteo tan torpe y pesado que todos presagiamos el inminente aterrizaje que se produjo al precipitarse aparatosamente sobre el suelo pedregoso y encharcado de la vieja cancha de fútbol de la población.
Muy pronto el consabido círculo de ávidos mirones se fue formando alrededor del extraño pájaro como si fueran hormigas dominyares.
Las plumas ajadas de su vestido grisáceo y unos grandes y tristes ojos denotaban con nitidez las penurias de una larga travesía.
Las gentes del pueblo, supersticiosas por tradición, especialmente los ancianos, guardaban un reverente mutismo ante la inesperada aparición de este enigma con alas.
-Es un engendro del maligno, yo creo que hay que mamear para alejar los males que nos esperan- , se atrevió a decir un viejo con ínfulas de sabio, que entre suceso e in suceso había ido aprendiendo a predecir las desgracias del futuro.
Algunos de los concurrentes, católicos creyentes, pensamos en un sacerdote que rezara unos cuantos padrenuestros, credos y avemarías para librarnos así de tan malos presagios, pero desafortunadamente hacía varios años que no lo teníamos, porque el cura que había vivido tan feliz dejó sola la parroquia muy apesadumbrado por las malintencionadas habladurías de sus chismosos feligreses.
Es que realmente el ave en cuestión, era un espécimen totalmente desconocido para los habitantes del vetusto pueblo de las montañas y por eso todos los allí presentes; viejos, hombres, mujeres, niños, hacíamos conjeturas sobre el imprevisto suceso.
Pudo haber llegado del mar coincidían algunos, pero el mar dicen que está del otro lado de la sierra, tan lejano que su rumor solo se escucha en los roñosos y milenarios caracoles de los mamos indios.
- Tanto alboroto por un pelícano- , resonó infalible entre la multitud la voz inconfundible de Cástulo, el más erudito entre los eruditos de la región que hasta filósofos ha dado a la patria.
Y resultó bien cierto. Allí en la página dieciséis del atlas de zoología encontraron los estudiantes investigadores, la foto a color del famoso viajero que perdió el rumbo buscando mar en tierras de ríos.
Muy pronto la tranquilidad regresó a la vida cotidiana y en poquitos días todos nos olvidamos del famoso pajarraco que para su desdicha no pudo volver a su tierra porque los ecologistas locales encabezados por un tal Querubín, no tuvieron presupuesto para pagarle un boleto de viaje y devolverlo a sus acantilados marinos.
Sin embargo, un mes después del acontecimiento de pelícano se cumplieron los funestos presagios del viejo agorero.
Ahora no fue uno, fueron muchos pájaros siniestros los que llegaron al pueblo.
Autor
Luis carlos Ariza